domingo, 10 de abril de 2016

La Verdad. Capítulo 1

Seas quien seas, lo siento.  Mis palabras con toda seguridad serán tu fin. Siento ser tu verdugo.

Soy un verdugo. Uno más de los millones de culpables que durante siglos y siglos han condenado a nuestra especie a una existencia sin futuro.
No lo sabía, ni por asomo pensé que mis pensamientos, mis propias dudas y sentimientos más torcidos serían mi mayor temor.

¿Estoy loco? Es más que posible que me consideres como tal desde la dulce necedad. No se si sentir envidia o pena por ti,ya no se que sentir por miedo a darle fuerza a eso, eso que mora entre la frontera de lo real y lo absurdamente demencial de lo onírico(o al menos mi mente quiere creer que existe tal barrera).
Nunca fui lo que la moral de los necios considera un buen hombre. Nunca he dañado físicamente a nadie,no tanto por principios éticos sino por la fragilidad de mi cuerpo tras años de excesos.
Podría acusar de todas mis adicciones a mi pasado, mi familia o amistades. La verdad es que lo hacía porque me gustaba, yo mismo renuncié a toda forma de ayuda con tal de paladear todas esas sensaciones eufóricas o sedantes. No me colocaba ya por experimentar, más bien era una forma de acercarme a un mundo que me resultaba mucho más real y novedoso. Como aquel que vuelve a casa tras cruzar una calle fría y húmeda en un día lluvioso y oscuro de Noviembre. El abrazo de los narcóticos, de los estimulantes y demás portales químicos a mi “hogar” era lo mejor del día y siempre he sido una persona hogareña.

Durante mis constantes viajes entre lo común y lo que empecé a llamar la Verdad, no solía ser consciente de los nuevos estímulos, las nuevas sensaciones de forma separada; más bien era una amalgama imposible de dividir de forma concisa. Un trayecto entre mis miedos más profundos y mis placeres más excitantes, tanto aquellos que conocía y sentí alguna vez como los más oscuros y realmente retorcidos, esos que te hacen sentir asco por el mero hecho de solo imaginarlos. Luego estaban los otros, aquellos que ni siquiera sabía que se pudieran concebir por una mente lógica y sana.

Estos últimos son sin duda alguna los más atractivos. No tanto por ser perversos(algunos se podrían tildar como tales) sino por mostrarse poco a poco, sutiles pero con un poder de interés fuera de lo normal. Eran como descubrirse poco a poco a uno mismo,miento, realmente es más parecido a descubrir que no eres más que una sombra de algo infinitamente más grande.

Ahí radica el error, no somos ni por asomo alguno más grandes que lo que realmente somos, somos solo unas criaturas totalmente ajenas a su suicidio y al enorme genocidio que hemos ido gestando durante los siglos que llevamos en este mundo condenado no solo a desaparecer, también destinado a ser la primera célula de infección que terminará con todo lo vivo que mora en el vasto universo que jamás conoceremos. Somos la mayor condenación para la vida.

¿Que es lo que se? Algo que para tu infinita desgracia vas a descubrir, lo siento, lo siento de veras pero mis manos ya no son solo mías,son las de muchos.

Mi revelación oscura empezó tras un viaje con psicotrópicos. No era la primera vez que acudía a ellos para encontrar la Verdad y supuse en ese instante de paz estúpida que no sería el último.
Imágenes distorsionadas por formas oscilantes y colores cambiantes se arremolinaban de forma aleatoria. La sucia pared de mi apartamento barato pasaba de las crepitantes espirales iridiscentes a los húmedos y palpitantes deseos carnales en formas claramente genitales .Tras esto sentía como mi cuerpo se ampliaba, como si cada átomo de mi ser decidiera mover un poco a los otros que tenía al lado. Mi forma física se expandía como queriendo acaparar un nuevo espacio,solo para volver a su posición inicial un instante después. En medio de este sinsentido y por primera vez pude oírlo.

No era una voz, no se emitió palabra alguna, más bien era un impulso, una atracción como ninguna otra que sintiera antes y he sentido muchas cosas en esta corta y desaprovechada vida.
La sensación no era dulce ni desagradable, se parecía más a un delicado punto intermedio.
Como el instante exacto entre el dolor que sentía al inyectarme y el comienzo de la paz de la heroína.
Esa pulsión me impelía a ir hacia el baño de mi destartalado apartamento. Obedecí sin mostrar oposición alguna, deseando saber que iba a ver o escuchar en ese lugar ahora seguramente más interesante que la pequeña habitación con azulejos infestada de cucarachas.

Giré el pomo con suavidad esperando sentir el frío tacto del aluminio gastado. Cerré los ojos buscando abiertamente un poco de sorpresa ante lo que me esperaba. El momento en que los abrí justo después de cruzar la puerta debió ser el momento de mi muerte, al menos si quisiera una muerte feliz y en paz. No lo fue.

Ante mis ojos vi una enorme bóveda oscura de paredes pulidas y planas. Tenían la tonalidad metálica del cromo y de las mismas se reflejaban pequeños destellos irisados , los mismos que podemos ver al mezclarse el agua con la gasolina.

El techo parecía reflejar esos brillos como si fuera un gran espejo que ampliara la poca luz arco iris de los destellos. La oscuridad era total pero podía intuír una figura central. Una circunferencia de granito o al menos de algún material que se le asemejaba rodeaba a un inmenso pozo a un vacío interminable. Al fondo del mismo se discernía una luz cálida, casi roja.


No tardé mucho en ver ladeando ese abismo una escalera de color hueso que serpenteaba hacia abajo. Debería haberme parado, pensar que todo era un sueño químico inducido por aquella sustancia; esperar a que pasara el efecto y con suerte amanecer encharcado en sudor frío en mi vieja cama. Pero esa presencia, esa sensación llamaba con una fuerza que la hacía imposible de obviar. Era la llamada de un padre a sus hijos, la de una amante esperando a su pareja para disfrutar de los mayores placeres que un cuerpo puede ofrecer. Era todo eso multiplicado por mil.
No tuve elección y si la tuve la desaproveché en el mismo momento que mi mano derecha agarró el primer tramo de la pasarela de aquella escalera a lo desconocido. Bajé.